miércoles

44. Hacia el Libro blanco de la LIJ

Ponte de acuerdo con varios compañeros y aloja aquí el Libro blanco de tu grupo en torno a la LIJ. Todo lo que deberías saber de ella, abreviadamente, en apenas dos páginas.

15 comentarios:

  1. Diana Reyes2:45

    Diana Reyes e Ylenia Lloret
    Libro Blanco (primera parte)

    Para reflexionar sobre las cuestiones de fondo que consideramos que todo profesor en formación se ha de plantear para que pueda así, en un futuro no muy lejano, abordar en condiciones óptimas lo “literario” en el aula de Primaria. Hemos decidido crear un libro blanco que servirá de guía para dicha formación.

    La literatura infantil y juvenil es aquella en la cual “caben” todos los géneros, no por el hecho de existir el humor la convierte en literatura infantil ni por vender varias colecciones infantiles o juveniles.
    Las historias que se cuentan en dicha literatura deben tener o al menos debería ofrecer un argumento trepidante, verdaderamente movido, lleno de acción, suspenso y, por supuesto, una carga moral que no se debe confundir con la moralina a cucharadas o la moraleja explícita. Además de la calidad subyacente del libro, ya que el público infantil es tan respetable como cualquier otro.
    También es preciso recalcar que sus personajes a ser posible que sean seres vivos, de carne y hueso, colmados de pasión e infortunio, seres que se enaltecen o envilecen, dicho de otra manera antihéroes. Porque la vida misma es la mejor ficción que podemos contar a los niños. Por lo tanto, el escritor debe crear historias, de ficción o no, reales en cuanto a la realidad que el niño percibe en la escuela, hogar, calle, etc. Ya que si no fuera así actuaríamos negativamente en las posibles facultades que se puedan crear a lo largo de su desarrollo.
    Pero además de estas características, debemos tener en cuenta las siguientes:

    -La intensión del autor (en el momento de la creación del libro):

    Aunque en la mayoría de los casos es confesado, pero en otras ocasiones, esta intención no se declara y se oculta en la autorización de la primera edición en colecciones infantiles o juveniles.

    - El tratamiento del tema y, algunas veces, el tema en sí mismo:

    Muchas veces se han declarado temas tabúes, sobre todo para la literatura infantil: muerte, sexo (sobre todo en los aspectos sociales "negativos" como homosexualidad, pederastia, adulterio o incesto), enfermedades, minusvalías, etc. No es verdad que haya temas que por sí mismos no puedan ser tratados por la literatura infantil o juvenil. Lo que parece cierto es que no todos los temas por sí mismos van a interesar a los lectores, a no ser que su tratamiento lo haga apetecible para niños o jóvenes. De hecho la identidad sexual de los primeros años aparece en Memorias de una gallina, de Concha López Narváez y la necesidad de un final más o menos "feliz" para la infancia, no impidió a Carlos Murciano "matar" a la madre de La niña que aprendía los nombres, por ejemplo, manteniéndola viva, sin necesidad de recurrir a creencias ni fantasías y de un modo especialmente lírico, en la palabra "mamá". Así pues todo depende del tratamiento de la información y el ingenio empleado para determinados temas.

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  2. Diana Reyes2:47

    Segunda parte:

    - La exposición del argumento, en el caso de las obras dramáticas o épicas, y de la construcción de las imágenes, en el caso de la lírica:

    En cierta ocasión, comentaba Lorenzo Silva las tareas más difíciles para un escritor consiste en plasmar una obra juvenil para lectores infantiles o viceversa.
    Escribir para jóvenes consiste simplemente en la forma de contar la historia "más clara". Hacer aún más sencillo lo que ya había clarificado, le resultaba difícil. No es el cambio de tema, pues el tema podía ser el mismo, sino conseguir la misma estructura narrativa sin pérdida de compresión por parte de los lectores. Sin estructura, sin "ficcionalización".
    -La pertenencia a uno de los géneros de la literatura infantil o juvenil:

    La literatura infantil y juvenil está en principio abierta a todos los géneros tradicionales y modernos, pero en la realidad queda reducida a los mayores (épica, lírica y dramática). Lo mismo ocurre con la literatura juvenil y el subgénero de la narrativa.
    -La intención del editor:
    El hecho de publicar un libro infantil o juvenil no sólo muestra la inclusión en una colección "infantil" o "juvenil" sino también en la apariencia de la obra, eligiendo papel y tipografía adecuados e incluyendo o no, y en las proporciones debidas, ilustraciones, pues el libro se disfruta "con los cinco sentidos": la apariencia a la vista del producto, su tacto, su olor a papel y tinta de calidad, junto con el "oído" que le ponemos al texto y el "gusto" con que lo
    "saboreamos".
    -La recepción de la obra:
    Las experiencias hacen que a una determinada edad se perciba de una u otra manera un libro y esas experiencias acumulativas nos permiten adquirir la competencia lingüística.
    Si nos adentramos más en la tarea del profesor y no tanto en la faceta de progenitores debemos ofrecer distintos modelos que se podrán programar para el aula, dichos modelos, son:
    -El Modelo retórico, centrado en el arte del discurso. Su finalidad es imitar y dominar dicho arte del discurso (figuras retóricas, reglas de oratoria…)
    -El Modelo historicista, centrado en el aspecto historiográfico; concibe la literatura como reflejo de la ideología de los pueblos.
    -El Modelo textual, basado en la práctica del comentario de textos.
    -El modelo basado en el conocimiento de los textos: educación literaria. Especialmente interesado en el proceso de lectura y, por tanto, volcado en el desarrollo de una competencia lectora en el alumnado y en animarle a leer.

    Estos cuatro modelos didácticos a su vez son el fruto de distintas Teorías literarias y corrientes críticas que, a lo largo del tiempo, han intentado sistematizar el mensaje poético y los diversos recursos empleados en la comunicación literaria.

    Todo ello crea, a su vez la Perspectiva docente enfocada hacia una doble perspectiva docente:
    La primera desde la integración de la Lengua y la Literatura como una única área de estudio y, estrechamente relacionada con este principio, y la segunda desde la óptica de la interdisciplinariedad.

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  3. Marta Mendoza3:48

    Componentes del grupo:
    • L. Virginia Jiménez Pérez.
    • Marta Mendoza Sarmiento.

    Libro Blanco

    La LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) hace alusión a la literatura dirigida al público de edades comprendidas entre niños de cualquier edad y adolescentes. Este concepto, se subdivide en Literatura Infantil y Juvenil. Dentro de estos tipos de literatura, encontramos diversos temas, estilos, formas narrativas y puntos de vista diferentes. Lo que define si es de una gran calidad el libro, viene marcado como por cualquier libro. Es decir, la impresión que se ha llevado el lector acerca del libro, construcción temática, discurso, lenguaje, transmisión de valores, etc.
    Lo que hace que un libro sea del tipo de LIJ, no viene determinado desde el principio ya que muchos autores no saben a qué público va dirigido el libro hasta que no lo acaban. En contra posición a esto, he de decir que hay otro sector de escritores que determinan su público a priori. Hay algunos que piensan que va dirigido explícitamente para este público y otros que piensan totalmente lo contrario, es decir que cualquier persona puede leer cualquier tipo de libro. Por ejemplo como se dice en el artículo de Enrique Pérez Díaz “Y es que estos libros que se suelen “pensar”, “escribir”, “editar”, “recomendar” o a veces “promover” para niños, se supeditan en esa automarginalidad en que a veces se sume la literatura pretendidamente infantil.”. Por otro lado en artículo de A. Verdulla donde no comenta que “deberíamos considerar Literatura Infantil y Juvenil sólo la obra literaria cuyo emisor es el adulto y sus receptores, en el momento de la creación, son niños, adolescentes o jóvenes (según su momento evolutivo) y sin relación con tareas, programas o actividades educativas (pues esto, por naturaleza, viene después).”. Algunas autores sostienen, que para que sea una LIJ tiene que tener una serie de características como: que tiene que tener a la personificación, tiene que tener una base de imaginación y fantasía además de plantearse problemas que se resolverán más adelante…
    Como hemos nombrado anteriormente, con respecto a la LIJ existen diversas posturas y contraposiciones como por ejemplo las características nombradas en el párrafo de arriba. Por lo consiguiente, existen posturas contradictoria en cuanto a los temas ya que hay algunos autores que consideran tabús cuestiones como el sexo, la muerte, enfermedades… En contraposición a esto, hemos de decir que hay otros escritores que consideran adecuado tratar estos temas cuando el niño se encuentra en una etapa o situación similar en su vida y permita una mayor comprensión de esta.
    Por otra parte, el género supone otra postura en la que hay diversas opiniones ya que muchos autores e decantan por una variedad más tradicional como los poemas, líricas y dramática. En cambio, existe otra variedad de escritores (su mayoría) que se decantan por la narrativa considerando este el más adecuado para la LIJ integrando la narrativa con sus tres partes: introducción (inicio), desarrollo (parte principal) y conclusión (desenlace). Todas ellas, importantes para que el niño comprenda lo que va sucediendo de manera concuerda.
    En cuanto al estilo existe diversas contraposiciones, entre ellos encontramos autores que se decantan por el realismo y otros más por la fantasía.
    La elección de los libros adecuados para LIJ, se hará conforme al contenido y concordancia con el nivel de lectura, comprensión y la etapa en la que se encuentra.
    Por todo lo dicho anteriormente, hay que finalizar diciendo que el objetivo principal de autor de la LIJ dependerá de cada uno.

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  4. Alexis Falcón Padrón10:16

    Alexis Falcón Padrón
    Alejandro González Vargas
    Daniel Zaballos Carpintero

    PARTE 1:

    Después de la lectura de los artículos de Enrique Pérez y A. Verdulla, consideramos aquí, los aspectos más relevantes de los contenidos expuestos en conjunto con los propuestos en el módulo tres.
    Principalmente, ambos escritores hacen una crítica constructiva de lo que hoy en día podemos entender por literatura infantil o juvenil. Se tocan especialmente aspectos sobre contenidos reales o ficticios y su adecuación para la literatura infantil, aunque según E. Pérez en su artículo, hace hincapié a la importancia de llevar al niño/a historias reales y con un mayor argumento, de manera que aprendan a resolver o afrontar ciertos conflictos que se les puedan presentar diariamente. Según este autor: “a los niños les interesa más las cosas grandes que las pequeñitas, las reales y no las inventadas, aquellas que les muestran cómo es el mundo y no las que sólo ofrecen una pálida y adulterada imagen de él.”
    Nosotros creemos que en la literatura infantil y juvenil todo es válido y no importará de si es real o ficticio, mientras el material tenga calidad en sí misma y enseñe valores que podrán aplicarse a numerosas cuestiones de la vida. Será importante cada elemento que haga de la obra algo mágico y que enganche al niño, ya sea con numerosas imágenes a todo color o con historias totalmente inventadas por el autor.
    Un aspecto importante que sacamos es la recepción, definido por A. Verdulla en su artículo e incluido dentro del concepto de calidad de E. Pérez. En este caso, creemos que el autor que piense en dedicarse a escribir este tipo de obras, debe de tener consigo mismo las mismas exigencias que para una obra destinada a público adulto, pero respetando el nivel receptivo del niño, o en otras palabras, escribir de una forma adecuada para cada caso.

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    Respuestas
    1. Alexis Falcón Padrón10:17

      PARTE 2:

      Si fuéramos a elaborar una guía de que material es correcto y cual no, o cual terminaríamos utilizando nosotros y cual no, posiblemente, acudiríamos a los aspectos selectivos que propone A. Verdulla en su artículo. Tendríamos en cuenta sobre todo los aspectos de “intención del autor”, porque sabremos de primero mano hacia quién iba destinada la supuesta obra, aunque es cierto, que en muchos casos los autores no reconocen este hecho. Lo importante de este aspecto es conocer si el autor ha considerado su obra para que el niño la disfrute con los cinco sentidos, es decir, lo enganche.
      Otro aspecto relevante, es el “tratamiento del tema”; en este caso, valoraremos la forma de exponer ciertos contenidos o temas considerados tabúes por la sociedad como la muerte, el sexo, adulterio, etc. al público infantil y juvenil. El siguiente aspecto hace alusión a “la exposición del argumento” y consideramos aquí, que lo primordial es que el autor sepa utilizar el grado de sencillez de las palabras para que le resulte más fácil la comprensión. Por último, el aspecto ya comentado previamente, “la recepción” que recoge la importancia de la capacidad de comprensión del niño, por lo que la obra debería expresarse utilizando palabras adecuadas.
      Con este filtrado consideramos que se pueden escoger ciertas obras literarias para público infantil y juvenil de calidad, pero además, queremos añadir el aspecto visual y destacarlo, es decir, que impacte al niño la primera vez que ojee el libro y que mientras lo lea, le siga impactando. Muchas veces olvidamos que lo importante es lo que nos entra por los ojos la primera vez que no conocemos algo.
      Queremos finalizar haciendo una crítica a un aspecto encontrado en ambos artículos sobre la intención que tenga el autor una vez publicada su obra dependiendo de lo fácil que se venda en el mercado, y que dependiendo de ello, no comunique la primera intención que tuvo al escribir. Es decir, muchas veces se escribe una obra pensando en un público y luego resulta ser más provechosa para otro. Las editoriales también tienen culpa en este sentido, y es que se aprovechan de un mercado que saben de primera mano que es fácil de explotar, para contratar a autores que no dan la talla ante un público tan valioso.

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  5. Componentes:
    - Amanda González Guillén
    - Brenda Jorge Ortega
    - Sara Ana León de León

    Tras haber realizado la lectura del módulo III y sus correspondientes artículos, hemos elaborado el siguiente Libro Blanco:

    1ª parte:

    La Literatura Infantil y Juvenil se puede definir como la literatura escrita por niños o jóvenes, aquella que también puede ser destinada a adolescentes y adaptada a la comprensión de la infancia y al mundo que interesa a los niños (imaginación).
    En sentido estricto la literatura infantil-juvenil va destinada a un público de edad no superior a dieciséis años, sin embargo, el escritor/a no limita la edad para la lectura de sus obras, es decir, puede estar dirigida a cualquier receptor puesto que no existe límite de edad para disfrutar de ella, ya que la lectura se entenderá de manera diferente según la edad del lector/a.
    A la hora de seleccionar obras literarias debemos de tener en cuenta que tenga una transmisión de valores o una moraleja al final de la historia que sirva de enseñanza para el niño/a, además de que presente la estructura de un texto básico como son la exposición, desarrollo y desenlace. A parte de esto debe de poseer un lenguaje claro y con expresiones sencillas. El principal objetivo será la imaginación y la presentación de ambientes y mundos en los que los niños y los adolescentes sean los protagonistas.
    Por otra parte, el contenido de las ilustraciones resulta muy importante, puesto que capta la atención del lector y acompaña a la historia, pues el libro se disfruta "con los cinco sentidos": la apariencia a la vista del producto, su tacto, su olor a papel y tinta de calidad, junto con el "oído" que le ponemos al texto y el "gusto" con que lo "saboreamos". Sin embargo, no hay que primar las imágenes sobre el contenido. El contenido no debe estar alejado de la experiencia del lector ya que resultaría difícil su comprensión y especialmente ha de ser del gusto del mismo. Pero, es de especial importancia saber que para valorar un libro infantil debemos considerar la expresión, el contenido y la adecuación al lector, el formato y las imágenes, es decir, la simbiosis entre imagen y texto.

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  6. 2ª parte:

    Además, la literatura está relacionada con el folclore, ya que el niño antes de aprender a leer y a escribir ya recibe este tipo de literatura por parte de sus cuidadores a través de la escucha y el juego.
    En cuanto a los géneros en los que se apoya la LIJ, destaca el lírico, el narrativo y el dramático o teatral. Pero, el género que por excelencia sobresale en las modalidades de novela y cuento es el narrativo. De hecho, se suele confundir la literatura juvenil con la narrativa.
    Con respecto, a la narrativa la podemos clasificar en dos grandes tendencias generales: la tendencia de la fantasía (cuento infantil moderno, relato de ciencia ficción, historias disparatadas y sin sentido, etc.) y la tendencia del realismo (relato de aventuras, relato humorístico, novela de misterio, etc.).
    En relación a los temas de los que trata la LIJ, se pretende escribir historias con un argumento movido, trepidante y lleno de acción y una carga moral que no sea solo una moraleja. Por el contrario, la LIJ no suele poseer temas relacionados con el sexo, las enfermedades, la homosexualidad, la muerte, etc.
    Lo que sí está claro es que la LIJ no debe mentir en las historias que se conciban para los niños. Pues la mentira no deja apreciar la realidad y, de esa manera, no aportará nada, sino que restará incontables posibilidades de conocimiento, razón y ejercicio a un lector en formación. Ficción nunca se debe confundir con mentira.
    Por último, destacar que el teatro constituye un género literario muy creativo para el desarrollo personal, social e intelectual del niño, es relevante desde el punto de vista didáctico. Tiene como objetivo principal la representación y no la lectura solitaria. Por ello, es una de las actividades más completas que se le puede ofrecer al niño en su educación literaria.
    No hay que dejar de nombrar la relación de la LIJ con las nuevas tecnologías, suponiendo ésta un apoyo para el desarrollo de la competencia literaria.
    Otro de los apoyos sería la familia, la cual sería un modelo decisivo que puede ayudar a fomentar el hábito lector que, junto con el docente éste debe ser un buen lector si desea transmitir a sus alumnos, da igual la edad que tengan que leer puede ser fascinante.

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  7. Julián Jiménez Santana2:03

    Componentes del grupo:
    Sara García Pérez.
    Julián Jiménez Santana.
    Yesenia Montesdeoca Ramírez.
    Marta Santana Pérez.

    Libro blanco: LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL.

    Después de haber leído los artículos marcados, hemos observado que se trata de dos autores con puntos de vista diferentes acerca de la selección de la literatura infantil y juvenil.

    Por un lado tenemos a A. Verdulla. Él nos muestra los diferentes los estilos de literatura, analizando las variables (argumento, lenguaje, editorial, …) que influyen en determinar de qué literatura estamos hablando (infantil, juvenil, adolescente, adulta, …) y desgranando cada una de ellas.
    Por otro lado, Enrique Pérez Díaz a través de su experiencia personal, saca la conclusión de que cualquier tipo de literatura es apta para todos los públicos siempre y cuando se adecúe. Afirmando que él, en su infancia, tuvo lecturas no clasificadas para niños pero que aún así le pareció muy interesante y no de difícil comprensión.

    Una vez leídos y, en base a nuestros criterios, creemos que los aspectos relevantes en la selección de la literatura infantil y juvenil son numerosos debido a que hay que tener en cuenta tanto el formato fisico del libro como su contenido.

    Para empezar, la selección de libros debe tener un diseño llamativo adecuado a la edad. En la literatura infantil, sobretodo en los primeros años de lectura de los niños se tendrá que tener en cuenta que lo más importante del libro será su aspecto físico. A temprana edad los niños se centran más en las ilustraciones, tamaño del libro y colores que en el propio texto. A medida que van creciendo el papel del texto va siendo más importante, disminuyendo la relevancia de los aspectos físicos, siendo el contenido lo más importante.

    Otro punto a destacar es el argumento, el cual debe estar dirigido expresamente para los niños, para esos infantiles que quieren disfrutar de la Literatura donde se sientan identificados. El argumento no debe ser uno cualquiera, ni para adultos, ni para adolescentes adaptado a los infantiles, es decir, no una lectura infantil, sino una Literatura infantil, creada para ellos. Este tipo de argumentos podrían ser cosas fantasiosas, que invoquen a la imaginación y creatividad; que llamen a la curiosidad del niño. Por supuesto, también todo tipo de cosas cotidianas y reales, como rutinas, familia, colegio, actividades, … donde el niño se sienta identificado.

    Además, el lenguaje de los libros debe ser coloquial y adaptado a los lectores infantiles. Sabemos que cuanto más familiar, más divertido y llamativo sea, tendremos más posibilidades de que el niño disfrute con la lectura y conseguir lectores en potencia para que en un futuro sean ellos mismos los que lean por placer.

    También hay que tener en cuenta la editorial. Como bien dice Verdulla, A., las editoriales son muy inteligentes, siempre es más sencillo vender un producto infantil para niños, que un producto a adultos, y cuesta más sacar adelante una obra adulta que una obra infantil, por lo que no se pone empeño en la producción de buenas obras infantiles, sino que se adapta básicamente las adultas a las infantiles para sacar el mayor beneficio posible a las obras.

    Por último, debemos tener en cuenta la interacción que realiza el libro con el niño. Cuanto más partícipe se haga el niño del libro (como en el libro “Este álbum se ha comido a mi perro”), mayor posibilidad de que el niño disfrute leyendo y tenga un rol activo y principal en la lectura, convirtiéndose en parte fundamental del libro. Además, cogerá ese gusto por la lectura que nombramos anteriormente, y conseguiremos que vaya siendo un lector en potencia poco a poco.

    Por ello, los maestros debemos ser críticos y saber diferenciar qué contenido es el más adecuado a las necesidades de nuestros alumnos. Intentando buscar en mayor medida aquellas lecturas que sean comprensibles a los niños pero que además les sirva y sea de relevancia para su desarrollo personal.

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  8. Grupo: Sheila, Miguel y Liliana.
    Creemos que estamos necesitados de la definición de un canon y de la redefinición de los criterios previos. Y, por supuesto, necesitamos también la ayuda de una difusión mediática de estos criterios con el fin de favorecer una mejor consideración o la revalorización de la Literatura Infantil y Juvenil, por un lado, de obras infantiles de escaso valor literario y sin interés para los niños de habla española, así como, por otro, un desembarco de autores que han alcanzado el éxito en otros terrenos y que rehacen sus productos para la infancia o la juventud que corren el riesgo de quedarse (frente a los originales) en simples adaptaciones con supresiones o adiciones, o sea, mermadas.

    Desde nuestro punto de vista, la literatura infantil ha de ser, tanto en el profesorado como en el alumnado, una vocación inoclasta, es decir, que ellos consideren a ésta como un medio de expresión libre y también, como un código común basado en la originalidad o deseo de experimentar con las palabras. Por lo tanto, consideramos que la literatura es un juego de palabras, una fórmula que se ha ido pasando de generación en generación.
    En primer lugar, se ha de plantear argumentos que traten de la vida cotidiana, es decir, cercanos al niño, ya que para ellos será más ameno leer historias que tengan que ver con el mundo que les rodea. Es por ello que la calidad de éstos ha de escribirse pensando en el destinario, porque no es lo mismo hablar de la amistad a un niño de 6 años, que a uno de 12. Por lo tanto, la realidad de los niños, adolescentes y jóvenes es cada vez un motivo más fuerte de inspiración para autores a los que no les da reparo escribir libros sobre temas del día a día.
    En segundo lugar, es necesario destacar la importancia de la familia en la selección de textos, ya que es un modelo determinante que puede ayudar a fomentar el hábito lector. Por lo tanto, desde muy pequeños hay que inculcarles la lectura como una devoción y regalar cuentos que ellos quieran, todo esto con la finalidad de que se acerquen desde muy temprano a la literatura. Además, no hay que olvidar que la escuela también es fundamental para la enseñanza-aprendizaje de la literatura, ya que en ésta los docentes intentan plasmar la realidad y los intereses educativos en los textos seleccionados para la lectura. Por ello, la escuela es un agente dinamizador de la lectura fundamental, es decir, estimula leer tanto dentro como fuera del contexto educativo.
    Tanto en el ámbito familiar como en el educativo es fundamental conocer a los alumnos a los que va destinados el libro, pero si no es posible esto, se puede partir de la edad, gustos y etapa en la que éstos se encuentren. Por lo tanto, fomentar en los alumnos valores y actitudes ante la vida suelen ser lecturas enriquecedoras para su desarrollo emocional. También, las obras literarias han de terminar en una moraleja final de la historia, para así fomentar en el alumno la importancia de desarrollar ciertas actitudes, opiniones o decisiones en su vida diaria.

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  9. En tercer lugar, un libro destinado para niños es fundamental que conste de una serie de requisitos: El libro ha de tener una imagen ilustrada, el formato y la ilustración son buenos recursos para trabajar la creatividad, comunicar a través de la escritura y expresar sus emociones. Siguiendo estas pautas se consigue que los alumnos lean y entiendan lo que leen, ya que la literatura se convierte en una posibilidad para crecer y enfrentar el mundo.
    Finalmente, se puede decir que la literatura infantil y juvenil es aquella que puede estar destinada y adaptada a diferentes lectores (de diferentes edades) haciendo hincapié en el mundo que rodea al lector.

    En un sentido estricto, deberíamos considerar Literatura Infantil y Juvenil sólo la obra literaria cuyo emisor es el adulto y sus receptores, en el momento de la creación, son niños, adolescentes o jóvenes (según su momento evolutivo) y sin relación con tareas, programas o actividades educativas (pues esto, por naturaleza, viene después).
    En un sentido amplio, incluiríamos también aquellas obras cuyos autores no las dirigieron particularmente a ningún lector-receptor y, sin embargo, sea la infancia, adolescencia o juventud su principal lectora.
    En literatura infantil caben todos los géneros de mayor difusión, pero no es el género el que convierte una obra, por ejemplo narrativa, en literatura infantil o juvenil.

    ¿Qué hace infantil o juvenil una obra literaria?
    A - La intención del autor.
    En el momento de la creación
    Es en el momento de la creación, cuando el emisor debe enviar un mensaje a un receptor y en el caso de la Literatura Infantil o Juvenil, conscientemente conocido en cuanto a una etapa evolutiva amplia: primera infancia, infancia, adolescencia o juventud.

    B - El tratamiento del tema y, algunas veces, el tema en sí mismo.
    La exposición del argumento, en el caso de las obras dramáticas o épicas, y de la construcción de las imágenes, en el caso de la lírica.

    C- La literariedad, O pertenencia a uno de los géneros de la literatura infantil o juvenil.
    La literatura infantil y juvenil está en principio abierta a todos los géneros tradicionales y modernos, pero en la realidad queda reducida a los mayores (épica, lírica y dramática).
    Se excluyen especialmente los didácticos, como la fábula, que no dejan de ser, cuando se dirigen a los niños, todavía más pedagógicos que literarios, salvo honrosísimas excepciones.
    La narrativa es, hoy por hoy, el género infanto-juvenil por excelencia, tanto que algunos confunden literatura juvenil con un subgénero de la narrativa. Nada más alejado de la realidad, pues existe un cancionero juvenil de la tradición oral moderna y una gran actividad e interés por el teatro entre los jóvenes. Distinto es que la producción artística dedique pocos esfuerzos a estos sectores líricos y dramáticos, especialmente al juvenil.

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  10. D- La recepción de la obra.
    La recepción es diferente en la infancia, en la adolescencia y en la juventud, como también es diferente según las experiencias del lector adulto. Y, cuando las experiencias son experiencias literarias acumuladas, no son nuestro "aprendizaje" de literatura, sino nuestra "adquisición de las competencias literarias", que nos permiten adquirir la competencia lingüística.
    A veces parece que sólo nos fijamos en qué "porcentaje" del humor, o de la totalidad estética de la obra, o de la recepción cognitiva del mensaje, han logrado los lectores niños o jóvenes de una obra; pero en ella hay mucho más, cuya percepción es tan obvia para nosotros, que nos olvidamos completamente de que la obra es compleja y que su principal mérito no es sólo transmitir un mensaje intelectual, cognitivo, sino también en parte "espiritual" (una dimensión no intelectiva y no física del ser humano, de sentimientos inexplicables), en parte físico (un plano de sensaciones que acompañan la lectura).
    E - La intención del editor
    La intención del que toma la decisión de publicar un libro infantil o juvenil se demuestra no sólo en la inclusión en una colección "infantil" o "juvenil" sino también en la apariencia de la obra, eligiendo papel y tipografía adecuados e incluyendo o no, y en las proporciones debidas, ilustraciones, pues el libro se disfruta "con los cinco sentidos":

    Para discernir la obra literaria infantil o juvenil de la obra de divulgación pedagógica o de la no literaria, podemos servirnos de 5 pautas derivadas de los aspectos tratados anteriormente:
    1. La intencionalidad de autor,
    2. El tratamiento del tema,
    3. La literariedad,
    4. La recepción de la obra,
    5. La exposición y la intencionalidad del editor.
    De manera que, de forma no categórica ni valorada cuantitativamente, sino por el contrario, de forma subjetiva y valorada cualitativamente, podamos tener una consideración del corpus de la literatura infantil o juvenil.
    La cuestión que nos hemos planteado desde el principio, evidentemente, nunca estará resuelta por completo, de manera que creemos que hay que mantener el debate "caliente" y vivo entre los que estudian la Literatura Infantil y Juvenil, para evitar una "congelación" que en vez de conservarla "fresca", la haría languidecer y terminaría por identificar la Literatura Infantil y Juvenil, con "una aberración", aquella de la obra sin calidad que no merece el nombre de Literatura y que trata a los niños y jóvenes, como adultos "tontos", sin pensar que su capacidad de recepción es diferente y merece un género propio que lo trate como seres intelectual y cognitiva y emocionalmente dignos de tener en cuenta.

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  11. J. Anira de la Nuez Zala
    Irene Henríquez Almeida
    Abraham Rey Ramírez
    Ariadna Vega Aguilar


    LIBRO BLANCO: LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL (LIJ)

    Una vez leídos los artículos de Enrique Pérez Díaz “Literatura para niños” y de A. Verdulla “Definir la literatura infantil y juvenil” y el Módulo III se podrían extraer diversas conclusiones acerca de lo que abarca la literatura infantil y juvenil.

    La literatura, para considerarla como tal, para los pequeños y jóvenes debe estar inspirada en ellos desde su inicio, es decir, tiene que estar destinada para ellos sin necesidad de adaptar o modificar su contenido o historia. Desde el momento en el que hacemos una variante de la historia inicial, podemos hablar en tal caso de lecturas infantiles.

    Podemos abarcar cualquier tema siempre y cuando sea llamativo, atrayente, atractivo e incluso significativo para el niño, es decir, adecuando el tema a la edad del receptor.

    Como bien se dice en el artículo de A. Verdulla, los libros hay que disfrutarlos con los cinco sentidos para sentir verdaderamente que nos introducimos en él, logrando así un disfrute pleno del mismo. Quizás esta sea la tarea más dura del profesor, hacer y conseguir que los más pequeños se adentren en la lectura.

    Dependiendo de la edad que cada uno tenga, percibimos la lectura de una manera diferente. Del mismo modo que un libro con 5 años nos puede parecer alucinante, con 15 nos puede parecer insignificante y “sin sentido”. Todo ello, depende de las experiencias y vivencias.

    A pesar de que nosotros consideremos que existen temas que no son propios de tratar o trabajar con niños o adolescente, en la gran mayor parte de la literatura tanto infantil como juvenil, se tratan temas como el maltrato infantil, la muerte… sin que ellos en gran parte se den cuenta de ello.

    Como futuros docentes, tenemos que ser críticos con la selección de libros para trabajar dentro de las aulas y debemos tener en cuenta:

    • La calidad del libro: En este aspecto no sólo consideramos la calidad del texto en sí del libro, si no todos aquellos aspectos positivos que podamos extrapolar de él como pueden ser las imágenes.

    • Lo que queremos trabajar con ellos: Todos los libros giran en torno a un tema principal y debemos decidir si dicho tema tiene que ver con los valores que queramos trabajar con los alumnos.
    • Si facilita la interacción con los alumnos: La literatura infantil no sólo la trabaja el niño, nosotros como docentes tenemos la obligación de acercar a los pequeños a la literatura y hacerles ver que es divertida, con lo cual, la animación a la lectura es la mejor vía para adentrarlos en este mundo.

    • El género del libro: Con los alumnos podemos trabajar todo tipo de géneros pero si es cierto que el teatro es quién da más de sí y facilita bastante más la animación a la lectura. Con la literatura podemos explotar la inmensa creatividad que tienen los más pequeños.

    • Que “enganche” nada más ver su fachada: Eso de que una imagen vale más que mil palabras es cierto, por lo tanto, la portada del libro nos da una gran visión de lo que vamos a encontrar en su interior. De esta manera, si su imagen inicial capta nuestra atención, es muy probable que el libro también lo haga.

    Como conclusión, para trabajar o recomendar un libro en clase, debemos tener en cuenta alguno de los criterios anteriormente citados.

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  12. Cristian Sosa González4:27

    Los componentes del grupo son:

    Gabriel González Pérez.
    Antonio J. Martín Sosa.
    Rubén Morales Santana.
    Leonardo Segovia García.
    Cristian Sosa González.

    El libro en blanco que vamos a redactar a continuación nos servirá como futura fuente para extraer recursos útiles relacionados con la literatura en las aulas.

    La literatura es capaz de abarcar todos los géneros literarios (comedia, drama, amor…), mezclando a los lectores más apasionados con los que se inician en el conmovedor mundo de los libros y la lectura. Esto no significa que haya que separar las obras por edades o bloques generacionales (niños, jóvenes, adultos, etc.), pues un libro puede interesar a todos los públicos, todo depende de la calidad literaria de la obra.
    Centrándonos en la literatura infantil y juvenil, las historias que se cuentan deben tener un argumento que se base en elementos cercanos al lector, con acción, suspense, intriga y con una historia que refleje una buena acción moral; esto no significa que tenga que existir una moraleja final en las obras infantiles.

    No siempre a los niños les interesa un libro calcado a otro, en el que la historia se basa en seres inanimados o fantásticos y en donde no se observe ningún aspecto de sus vidas reales en las que se puedan sentir identificados y les pueda llegar a “atrapar” en la lectura. Los niños entenderán y, tal vez, se sentirán más interesados en la historia si se ubica en un contexto conocido y cercano y con personajes que se asemejen a ellos mismos.

    Las historias infantiles deben tener un mínimo de calidad. Las obras que se escriben pensando en un destinatario infantil deben tener la exigencia y la profesionalidad que cualquier otro libro escrito para un adulto. Un niño es capaz de percibir la realidad que se expresa en una obra si se hace de una manera adecuada y con un vocabulario que le facilite la lectura al niño.

    Por otro lado, podemos destacar la presentación y diseño de los libros infantiles. A menor edad, los niños se centran en los colores, dibujos y formas que captan su atención y despiertan su curiosidad. A medida que pasa el tiempo esta presentación deja de tener la misma importancia y poco a poco toma mayor relevancia el texto y el contenido que trata de trasmitir. Es el docente quien debe seleccionar los libros que capten esa atención del alumno, siempre con un análisis previo, ya que, no siempre será el libro que mejor presentación tenga el más adecuado para el niño.

    También es importante que el texto que contenga el libro este adecuado a la edad del niño. Un lenguaje coloquial, no demasiado extenso, que el niño pueda entender con facilidad, es decir, un texto sencillo y preciso. Ya que si se trata de un texto de un nivel de dificultad alto, el niño no lo podrá comprender y terminará aborreciéndolo.

    Por último, hacemos referencia a nuestro papel como docente en este campo. Debemos de ser críticos y darle la importancia que este tema requiere, ya que hablamos del inicio de la lectura de niños y niñas, y que puede significar que en el futura sigan amando el fascinante mundo de la lectura o no.

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  13. Estefanía Rodríguez García9:00

    Francisco Benítez Calvo
    Adriana Guedes Rodríguez
    Estefanía Rodríguez García
    Izaskun Trujillo Montesdeoca

    El mundo del niño está rodeado de adultos donde estos influyen de manera directa e indirecta. En el caso de la literatura pasa lo mismo.
    En el caso de la literatura infantil, estas lecturas se ‘’aíslan’’ de la realidad estética, donde la fantasía juega un papel fundamental y carecen de algún conflicto social.
    Existe un gran contraste con lo que se escribe y lo que demandan los niños. Historias reales, donde les muestran el mundo y pueden jugar con su imaginación. Deben ser historias con argumentos trepidantes, de acción, donde el niño se entusiasme y aprenda también moralmente. Como se ha dado con los libros de Emilio Salgari y Alejandro Dumas (sin olvidar el resto de autores)
    Por eso muchos autores deciden escribir para un publico general, sin especificar edades. Esto ha conseguido que la praxis literaria ha ido conformando un corpus literario para niños adolescentes y jóvenes que se proponen tomar como emblema el mundo real.
    Se asocia la mentira con los niños, por lo que debe ser todo lo contrario, aportar realidad y entusiasmo, ya que la ficción nunca debe confundir la mentira.
    Muchos autores ya optan por protagonizar con niños sus relatos aplicando el afán de tejer nuevas historias valientes que hacen ver de diferente manera el mundo de los niños, haciendo meditar al lector sobre problemas reales de la niñez en el mundo de hoy.
    Con todo esto queremos decir que el publico infantil es tan respetable como cualquier otro, que no deber ser ningún reto el escribir para ellos. El escritor para niños posee un arma, el ansia de redimir a la infancia y su siempre deseo de hacer literatura.
    No importa esos baches, la buena literatura es aquella que se escribe pensando solo en ella misma.

    En cuanto a Astrid Lindgren, dijo en reiteradas ocasiones que un libro infantil no debe contener “guiños al lector adulto”; esto no es impedimento para que en sus obras dejara de tratar aspectos crudos: la guerra y la muerte. O como comento María Gripe, no es escribir para niños o adultos, sino para personas, ya que sobre todo sería adecuado tratar problemas que muchos niños tienen en la actualidad, como por ejemplo divorcios, desavenencias familiares o escolares, prejuicios, etc. Por eso la realidad de los niños, adolescentes y jóvenes es cada vez un motivo más fuerte de inspiración para muchos, que no tienen reparo alguno en escribir libros sobre la guerra, la muerte, la marginación social, la homosexualidad, los niños con problemas de conducta, etc. En definitiva, el universo de lecturas para los niños se hace cada vez más amplio, con una gran diversidad en cuanto a géneros literarios.

    La literatura infantil y Juvenil (LIJ) hace referencia a un público con edades comprendidas entre niños y adolescentes, aunque el escritor no limita la edad para la lectura de sus obras ya que cada alumno tiene un punto de vista diferente, pero si realiza una subdivisión entre la literatura infantil y juvenil.

    Para empezar nos encontramos con diversos estilos, formas narrativas… en resumen, la impresión que se ha llevado el receptor acerca del libro que ha leído.
    A la hora de seleccionar un libro debemos de tener en cuenta lo que nos aporta y que nos sirva para aprender mediante una moraleja o los valores que nos quieren mostrar con esa lectura y considerar que la estructura del texto está realizada correctamente (introducción, desarrollo y desenlace).

    Uno de los principales objetivos es la imaginación y la creatividad, que los niños sean partícipes de la historia y que se sientan los protagonistas de ella, ya que al utilizarse los “cinco sentidos” el cuento se hace mas didáctico por lo que es necesaria la participación de los alumnos. El libro debe tener ilustraciones llamativas y que le sean familiares para captar su atención y comprenderlo de manera más fácil.

    Y por último para valorar un libro infantil se debe considerar la expresión, el contenido y la manera de adaptar la lectura al receptor.

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  14. Grupo:

    Melody Santana Melian
    Indira Oliva Medina
    Roberto Guedes Caballero
    Yanira Hernandez Cubas
    La literatura infantil y juvenil normalmente viene etiquetada. Es decir, el autor de un libro de este tipo de literatura ya sabe cómo tiene que expresarse.
    Pero, ¿qué pasa si esto no es así? En las escuelas estamos tomando ejemplos de este tipo de literatura ya desfasados. Algunos de ellos ni siquiera se escribieron con la intención de complacer a este tipo de lectores.
    Es cierto que el vocabulario empleado y la estructura varían conforme al público. Pero esto no quiere decir que un niño o un adolescente no pueda leer un libro dirigido a un adulto.
    En la LIJ siempre se trata de evitar temas que puedan causar daño en el lector, pero al fin y al cabo son temas de la vida cotidiana, nada más allá de la realidad. En muchos países los cuentos infantiles incluyen algo de tragedia y eso no está mal, mientras que en España hemos acostumbrado a los niños a leer “cuentos de hadas”.
    La literatura infantil y juvenil se ha convertido en un negocio debido a las lecturas obligatorias en colegios e institutos. Esto ha hecho que la calidad de la trama baje, pues un libro se escribe por avaricia y no por placer, simplemente para satisfacer las necesidades de los jefes de departamento. No le damos la oportunidad a los niños y jóvenes de leer por gusto, independientemente del género que sea. Esto hace que cada vez exista menos interés por la lectura.

    En la literatura, pasa lo mismo que en la vida real, los niños estan influidos por los adultos.
    En el caso de la literatura infantil, estas lecturas se ‘’aíslan’’ de la realidad estética, donde la fantasía juega un papel fundamental y carecen de algún conflicto social.
    Existe un gran contraste con lo que se escribe y lo que demandan los niños. Historias reales, donde les muestran el mundo y pueden jugar con su imaginación. Deben ser historias con argumentos trepidantes, de acción, donde el niño se entusiasme y aprenda también moralmente.
    Por eso muchos autores deciden escribir para un publico general, sin especificar edades. Esto ha conseguido que la praxis literaria ha ido conformando un corpus literario para niños adolescentes y jóvenes que se proponen tomar como emblema el mundo real.
    Se asocia la mentira con los niños, por lo que debe ser todo lo contrario, aportar realidad y entusiasmo, ya que la ficción nunca debe confundir la mentira.
    La mayoria de los autores optan por protagonizar con niños sus relatos aplicando el afán de tejer nuevas historias valientes que hacen ver de diferente manera el mundo de los niños.

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